Me
considero una persona normal. Como, duermo, me canso, enfado,
sonrío, lloro...como todo el mundo. La diferencia
con el resto de personas es mi percepción de otras
realidades, alegría interior real, mi constante dedicación
a todo ser viviente que necesite y quiera ser ayudado y
sobre todo mi aceptación total y en cada momento
de la Voluntad de Dios o como lo queráis llamar,
intuir o creer.
Tengo como norma estricta respetar la libertad personal.
Lo considero el mayor don recibido, después de la
existencia.